¡Hola! Me llamo Julia, vivo en Madrid, tengo veintidós años y llevo siete con una cámara entre las manos. Me encanta contar historias y por eso escribo desde niña, pero en plena adolescencia descubrí que una cámara podía ser una puerta mucho más fácil de abrir hacia las realidades que hasta el momento sólo existían en mi cabeza (¡aunque no creo que una imagen valga más que mil palabras!). Siempre digo que fotografío porque nunca he sabido dibujar, y uno de mis sueños frustrados es ser ilustradora o diseñadora gráfica. De hecho, mi iniciación en la fotografía sucedió gracias a la imagen conceptual, que me permitía ver con mis propios ojos otros mundos imaginados por mí.

Sin embargo, mi pasión por contar historias creció conmigo y pasó de soñar con historias fantásticas a admirar los pequeños detalles del día a día. Fotografiar momentos y guardarlos para la posteridad se convirtió en una de mis pasiones, y me encanta que mi trabajo consista básicamente en observar a la gente mientras vive algunos de los momentos más felices de su vida. Pasear contigo y con tus hijos por el parque un domingo como tantos otros o acompañarte mientras le das el ‘Sí, quiero’ al amor de tu vida: para mí es un honor y un privilegio que alguien me permita ser testigo de días tan especiales.

Soy fotógrafa porque creo que el amor, como la vida, vive en la memoria. Soy joven y no tengo muchos años a mis espaldas, pero eso no me impide otorgarle a los recuerdos el valor que merecen. Muchas veces, las historias del pasado eran todo lo que mi abuelo tenía para darme, y esos cuentos de soldados y de guerras me los contaba siempre con un álbum de fotos entre las manos, mostrándome lo rubio que había sido su pelo y esos amigos inseparables de la juventud, hoy fallecidos u olvidados. Tengo veinte años y ya se me llenan los ojos de lágrimas al pensar en el pasado, ¡no quiero ni imaginarme lo que será recordar y mirar fotos cuando tenga setenta! Para mí los recuerdos son sin duda una de mis posesiones más valiosas, y las fotografías es para mí como la caja de galletas donde guardaba mis tesoros cuando era niña.